Gérmenes... ¡no pasaréis!

Aunque ya hemos hablado de que no vale la pena enloquecer intentando conseguir un hogar completamente esterilizado, sí que debemos ser estrictos a la hora de controlar los microorganismos patógenos. Para que nos entendamos: a los malos ni agua, ya que son los responsables de las enfermedades que se originan el hogar.

Tienen a su favor que son tan pequeños que escapan a nuestra vista. Pero eso no nos ha de amedrentar. Vamos a estudiar algunas “tácticas” preventivas para combatir estos escurridizos invasores.

He aquí una palabra que no debemos alejar de nuestra mente y que les produce pavor: higiene, es decir, el control de todas aquellas cosas que facilitan su crecimiento:

1. La suciedad. La suciedad es la base de su alimentación, así que si limpiamos controlamos la cantidad de suciedad disponible y, por tanto, destruimos su alimento.

2. La humedad. Los microorganismos necesitan agua igual o más que los restos de suciedad para multiplicarse. En presencia de humedad y de suciedad, un microorganismo puede dar lugar a todo un ejército de miles de millones de gérmenes idénticos. Así que mejor será controlar a tiempo la cantidad de agua para que esta multiplicación no sea posible.

3. La temperatura. A los gérmenes no les gusta el frío. Les impide crecer. En países mediterráneos o cálidos como el nuestro o cuando llega el verano, con temperaturas ambientales superiores a los 30ºC, empiezan a organizarse en masa. Sí, podemos limpiar y podemos secar, pero no es tan fácil controlar los cambios en la temperatura exterior. He aquí la solución: la desinfección. Una buena rutina de desinfección con productos químicos específicos se convertirá en nuestra mejor aliada para hacernos con la victoria en esta ardua batalla.

Concluyendo: la limpieza y la desinfección, o lo que es lo mismo, la higiene doméstica, será el mejor sistema de prevención para nuestra salud y la de nuestra familia, especialmente si además mantenemos secas las superficies y los tejidos.

¡Qué bueno saberlo!

Una parte del polvo doméstico es piel muerta de las personas que habitan una casa, dado que cada persona muda completamente su piel cada 4 ó 5 semanas. Ésta, junto con la humedad, son unas fuentes importantes de nutrientes para los microorganismos.

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