
13 de Noviembre de 2009 |
0 comentarios

Hay gente que la utiliza a diario y no la limpia. De hecho, hay quien piensa que la misma ceniza posee un poder calorífico importante así que esperan hasta que la cantidad de ceniza sea excesiva y entonces se ponen manos a la suciedad. También sucede que cuando se emplea regularmente, prácticamente no se apaga y se deja toda la noche para que el rescoldo mantenga el calor.
Lo primero que debes saber es que, definitivamente, lo mejor es limpiarla cada vez que la usas. Debes ir con cuidado. ¿Sabías que las brasas se pueden mantener calientes hasta 12 horas después, dependiendo del tipo de madera que se utilice? Por ejemplo, el pino dura pocas horas pero la encina puede mantenerse caliente mucho más tiempo.
Espera un mínimo de 45 minutos y entonces utiliza herramientas adecuadas para limpiar los restos como un cubo de metal (para que no se agujeree). Con esto es suficiente para el día a día. Si no se apaga la chimenea, dale un tiempo para enfriarse y luego echa agua para apagarla. Pero dobla la atención: el vapor que produce está a alta temperatura y puede salpicarte o ensuciar las paredes del salón. Hazlo añadiendo agua en pequeñas cantidades y espera a que el vapor vaya desapareciendo.
Si tienes un protector térmico delante de la chimenea debes apartarlo y cuidar que no le caiga agua fría encima, si todavía esta caliente, puesto que se podría romper.
Para una limpieza un poco más a fondo es suficiente con 15 minutos intensivos al mes. Te van a hacer falta tres cosas: agua, amoníaco y un estropajo de aluminio (pero lo mismo: mucho cuidadito con el vapor, el amoníaco puede quemar la piel). Rasca las paredes con una paleta y asegúrate de aclararlas con abundante agua. Si no quieres arriesgarte, la mezcla también puede ser de vinagre y agua.
Ahora con un cepillo de cerdas duras quita los restos y pasa la aspiradora. ¿Qué? ¿Como nueva, no? Pues además vamos a contarte un secreto: ¡con estas últimas cenizas recogidas puedes abonar las plantas! Si es que una chimenea lo tiene todo…
Chim Chimeni, Chim Chim Chery…
Las casitas en el pueblo o en el campo tienen todo lo bueno: la tranquilidad, los sofás orejeros, ¡la chimenea! Mmmm… es muy agradable disfrutar de una chimenea en las frías tardes de esos fríos fines de semana de invierno en los que escapamos de la ciudad. Pero claro, como todo, deben estar limpias y a punto: cuanto mejor la mantengamos, mejor aseguramos su funcionamiento. ¿Por dónde empezar? Es más sencillo de lo que parece.
Hay gente que la utiliza a diario y no la limpia. De hecho, hay quien piensa que la misma ceniza posee un poder calorífico importante así que esperan hasta que la cantidad de ceniza sea excesiva y entonces se ponen manos a la suciedad. También sucede que cuando se emplea regularmente, prácticamente no se apaga y se deja toda la noche para que el rescoldo mantenga el calor.
Lo primero que debes saber es que, definitivamente, lo mejor es limpiarla cada vez que la usas. Debes ir con cuidado. ¿Sabías que las brasas se pueden mantener calientes hasta 12 horas después, dependiendo del tipo de madera que se utilice? Por ejemplo, el pino dura pocas horas pero la encina puede mantenerse caliente mucho más tiempo.
Espera un mínimo de 45 minutos y entonces utiliza herramientas adecuadas para limpiar los restos como un cubo de metal (para que no se agujeree). Con esto es suficiente para el día a día. Si no se apaga la chimenea, dale un tiempo para enfriarse y luego echa agua para apagarla. Pero dobla la atención: el vapor que produce está a alta temperatura y puede salpicarte o ensuciar las paredes del salón. Hazlo añadiendo agua en pequeñas cantidades y espera a que el vapor vaya desapareciendo.
Si tienes un protector térmico delante de la chimenea debes apartarlo y cuidar que no le caiga agua fría encima, si todavía esta caliente, puesto que se podría romper.
Para una limpieza un poco más a fondo es suficiente con 15 minutos intensivos al mes. Te van a hacer falta tres cosas: agua, amoníaco y un estropajo de aluminio (pero lo mismo: mucho cuidadito con el vapor, el amoníaco puede quemar la piel). Rasca las paredes con una paleta y asegúrate de aclararlas con abundante agua. Si no quieres arriesgarte, la mezcla también puede ser de vinagre y agua.
Ahora con un cepillo de cerdas duras quita los restos y pasa la aspiradora. ¿Qué? ¿Como nueva, no? Pues además vamos a contarte un secreto: ¡con estas últimas cenizas recogidas puedes abonar las plantas! Si es que una chimenea lo tiene todo…










